viernes, 2 de abril de 2010

Soneto a Nuestro Padre Jesús


Me quedé sorprendido en la alborada,
viendo pasar tu lívida hermosura.
Mis ojos esculpieron tu estatura
con briles de noche y madrugada.
En la esquina del tiempo, donde nada
termina, mi alma a tu alma se apresura
lejos del resplandor de tu mirada.
Es algo que explicarme no me explico:
¿Si puedo contemplarte cada día,
por qué, ahora, Señor, me crucifico
en la cruz generosa de tu hombría?
Explícame, Señor, te lo suplico:
¿por qué en la calle me ahogo en tu agonía?

Autor: Miguel Calvo Morillo

  • Emocionantísimo soneto... Gracias a Manuel Pedrosa que nos lo ha enviado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Recordad también el Soneto a la Cruz de Almendros Aguilar

Maria Reche dijo...

Esta muy bonito

José L. Donaire dijo...

Enhorabuena por la publicación de este soneto del gran poeta marteño. Sólo os pido un poco más de rigor: Falta un verso en el segundo cuarteto. Habría que separar los dos cuartetos y los siguientes tercetos. Donde dice "briles" debe decir "buriles". Saludos.

José Luis Lomas dijo...

Muchas gracias, José Luis Donaire, por sus correcciones. Las tendremos en cuenta.

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